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El Truco Es De Los Sentidos


El joven Arturo quiso saber la razón
por la cual Merlín llevaba una túnica
bordada de lunas y estrellas.

-- "Déjame mostrarte", ofreció el mago.

LLevó al niño a la cima de la colina y le preguntó:
-- "Hasta dónde alcanza tu vista?"

-- "Veo kilómetros de bosque que llegan hasta el horizonte.
No puedo ver nada más" dijo Arturo.

-- "Y qué hay más allá de eso?" preguntó Merlín.

-- "El fin del mundo, el cielo y el Sol, creo", 
respondió Arturo

-- "Y más allá?"

-- "Las estrellas y luego espacio vacío hasta el infinito"

--"Y sería eso cierto si te pido que te des vuelta?"
preguntó Merlín.

El niño asintió. 

--"Muy bien", dijo el mago. "Ahora sígueme"

Llevó al muchacho hasta el arroyo donde 
solían tomar la siesta vespertina.

-- "Ahora, hasta donde alcanza tu mirada?",
preguntó Merlín.

-- "No puedo ver muy lejos en un bosque
tan espeso como éste, sólo hasta el último recodo del arroyo",
y Arturo señaló un punto 
que no estaba a más de cien metros de distancia.

--"Pero, sabes que el arroyo llega hasta el mar,
y el mar hasta el horizonte?" preguntó Merlín.
Arturo asintió.
"Y después del horizonte, estarían
el fin del mundo, el cielo, el Sol, las estrellas
y el vacío infinito como dijiste antes?",
preguntó Merlín.

-- "Sí", respondió Arturo.

Una vez más el mago se mostró complacido
y llevó a su discípulo a la cueva de cristal.

-- "Ahora, hasta donde alcanza tu mirada?",
preguntó. 

-- "Hay poca luz y lo único que puedo ver
son las paredes de la cueva" , dijo Arturo,
"pero antes de que lo preguntes, te diré que
afuera están el bosque, las montañas, el horizonte,
el cielo, el Sol, las estrellas y el espacio infinito"

--"Entonces toma nota", dijo Merlín en un tono más fuerte.
"Sin importar a dónde vayas, el mismo infinito
se extiende en todas las direcciones.
Por lo tanto, tú eres el centro del universo
donde quiera que vayas".

--"Eso parece un truco, protestó Arturo.

-- "No, el truco es de los sentidos, los cuales
te engañan haciéndote creer que estás
en un punto específico.
En realidad, cada punto del cosmos
es el mismo punto, un foco para el infinito
en todas las direcciones.
No hay aquí o allá, cerca o lejos.
A los ojos del mago, sólo hay todas partes
y ninguna parte.
Al saber esto tu también deberías llevar
una túnica de lunas y estrellas.
Sin la ilusión de tus sentidos, te darías cuenta 
de que la Luna y las estrellas
están aquí mismo a tu lado"

-- "Cuándo me daré cuenta de eso?",
preguntó el niño.

-- "A su debido tiempo.
A medida que la agitación de tu alma entre en resposo,
verás los cielos en tu propio ser".



Arturo, el Mago y la Muerte

Como todos los niños, un día Arturo
descubrió la muerte.
Tenia cuatro o cinco años cuando Merlín
lo encontró acurrucado en el bosque
mirando atentamente una pila de plumas grises,
restos de lo que fuera una golondrina.

--"Qué le pasó?", preguntó el niño.

-- "Eso depende", replicó Merlín
-- " De qué?"

-- "De la manera como veas las cosas.
La mayoría de los mortales dirían 
que es un pájaro "muerto", 
se refieren a que su vida se ha destruído.

Sin embargo los mortales más sabios
miran más a fondo.
Reconocen que la muerte no es más 
que una reorganización.
La materia de la cual estaba hecho el pájaro
regresa a la tierra para mezclarse con los elementos
que le dieron su nacimiento".

El muchacho caviló durante un momento.
-- "Por qué me siento atemorizado al ver esto?"

-- "A causa de la memoria.
Aunque lo sepas o no, 
te has formado ideas sobre la muerte
desde que eras un bebé,
y a medida que éstas se desenvuelven, 
recuerdas el temor y el dolor
asociados con estos recuerdos".

El niño era muy joven para comprender
lo que Merlín decía y, como la mayoría de los niños,
dejó de formular las preguntas
verdaderamente profundas.
Las explicaciones de Merlín
le bastaron por varios años, hasta cuando se dio cuenta
de que la muerte también podía sucederle a él
y no solamente a los animales.

-- "Creo", dijo Arturo cuando tenía doce años,
" que cada vez le tendré más y más temor a la muerte ".

Merlín asintió.

-- " A medida que tu experiencia del mundo
sea mayor, los recuerdos
te asaltarán con más y más fuerza.
Pero hay algo más.
Los mortales le temen a la muerta
porque sienten miedo de perder sus poseciones.

Cuando ves a un animal muerto, 
no puedes saber cuál es la parte de él
que se ha ido.
Después del último aliento,
el cuerpo pesa lo mismo;
las células son las mismas.
Lo único que falta es el aliento,
y lo que sea que esté más allá de él.

Pero los mortales tiene casas con cosas dentro de ellas.
Tienen familias y experiencias atesoradas.
La idea de perder todo eso
les produce un temor enorme.

Pero te diré un secreto.
Nada muere en el momento de la muerte.
La muerte es un comienzo, no un final.
Cuando los mortales le tienen miedo,
lo único que hacer es aferrarse a sus recuerdos.

Acepta el punto de vista del mago
y abre tus brazos a todas las pérdidas,
incluso la pérdida última de la muerte"·

-- "Trataré de hacerlo",
dijo Arturo muy convencido.
" Pero la verdad es que hay muchas cosas
que no deseo perder "

-- "Entonces despréndete un podo de ellas,
y recuerda:
todo aquello a lo que te aferras está muerto, 
porque está en el pasado.
Muere a todos los momentos
y descubrirás la vida eterna ".

La Realidad Que Experimentamos es El Reflejo de Nuestras Expectativas



Después de convertirse en rey,

Arturo habló de sus experiencias en la cueva de cristal
solamente con su esposa Guinevere.
Pasaron muchos años antes de que Merlín reapareciera,
y Guinevere pensaba en él más o menos de la misma manera
en que se imaginaba un unicornio o alguna otra bestia mitológica.

“ Si es tan salvaje como las oscuras montañas de Gales,
donde dicen que nació,
me espantaría la sola idea de conocerlo”,
le dijo alguna vez a Arturo.

“ No es así “, replicó Arturo.
"No se parece a nada que puedas esperar o prever”.

“ Mi señor, he conocido magos en la corte francesa,

o por lo menos eso decían ser” dijo Guinevere.

“ Acaso no son simplemente ancianos de barba
blanca y larga que actúan de manera sabia,
hacen gestos como si vieran cosas que nosotros no vemos
y afirman tener poderes que en realidad nadie logra ver?”

Arturo sonrió. “También he conocido esa clase de magos,
pero Merlín no es como ellos. Una vez le pregunté:
"en qué somos distintos tú y yo?

En mi opinión somos sólo dos personas que están sentadas
debajo de un árbol a la orilla de un arroyo,
esperando pescar algo para la cena.”
Él se quedó mirándome y sacudió la cabeza.
"Es cierto que no somos más que dos personas aquí sentadas
– dijo --, pero para ti este escenario es toda tu realidad,
mientras que el arroyo, el árbol y todo lo que nos rodea
son el punto más minúsculo en el horizonte más lejano de mi consciencia""Guinevere preguntó: “ Si en realidad Merlín
vivía en un mundo tan distinto del nuestro,
te enseñó alguna vez cómo llegar hasta él?”

“Sí”, dijo Arturo.
“Insistía que mi versión de la realidad
– el árbol, el arroyo, el bosque –
era una ilusión, una alucinación personal
impuesta por mi mente, mientras que su mundo
estaba abierto a todos, puesto que es un mundo
totalmente compuesto de luz”.Guinever quedó confundida.
“Pero tú y yo vemos esta habitación,
como la ven también las personas a quienes conocemos.
No puedo creer que esto sea sólo una ilusión”.

“Entonces te mostraré algo”
, dijo Arturo.

Le pidió a su reina que abandonara su alcoba
y prometiera no regresar antes de la media noche.

Guinevere obedeció y, al regresar, encontró la alcoba
sumida en total oscuridad, con todas la velas apagadas
y las cortinas cerradas.

“No te preocupes”, dijo una voz. “Aquí estoy”.

“Qué deseas que haga mi señor?”
, preguntó Guinevere.

Arturo dijo: “Deseo saber qué tan bien conoces esta alcoba.
Camina hacia mi y describe los objetos que te rodean,
pero sin tocar nada”.

A la reina esa prueba le pareció muy extraña,
pero hizo lo que le pedían.

“Esta es nuestra cama, allí está el arcón de roble de la dote
que traje desde el otro lado del mar.
En el rincón está un candelabro alto forjado en hierro español
con dos tapices a cada lado”.

Caminando cautelosamente para no tropezar con las cosas,
Guinevere pudo describir cada detalle de la alcoba
que ella misma había amoblado hasta el último almohadón.

“Ahora mira”, dijo Arturo.
Encendió una vela, luego otra y una tercera.

Mirando a su alrededor Guinevere se sorprendió
al ver que la alcoba estaba totalmente vacía.

“No comprendo, murmuró.

“Todo lo que describiste
era lo que esperabas encontrar en esta alcoba,
no lo que realmente había en ella.
Pero la expectativa es poderosa.
Incluso sin luz, viste lo que esperabas
y reaccionaste de conformidad.
Acaso no sentías que la alcoba era la misma?
Acaso no caminaste con cuidado por los sitios
donde temías tropezar con algo?

Guinevere asintió.

“Incluso a la luz del día", dijo Arturo,
"vamos andando de acuerdo
con lo que esperamos ver, oír y tocar.
Cada experiencia se basa en la continuidad,
la cual nutrimos recordando todo tal como estaba
el día anterior, una hora antes, o un segúndo antes.

Merlín me dijo que si lograba ver sin tener ninguna expectativa,
nada de lo que diera por hecho sería real.

El mundo que el mago ve, es el mundo real,
una vez que se enciende la luz.

El nuestro es un mundo de sombra,
por el cual caminamos a oscuras."


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Arturo y La Visón de La Espada - 1



“Hay una enseñanza”
, dijo Merlín,
“denominada el modo del Mago.
Has oído hablar de ella?”

El joven Arturo levantó la vista del fuego que,
sin éxito; trataba de encender.
Casi nunca era fácil encender el fuego
en las húmedas mañanas de comienzos de primavera
en el País de Occidente.

“No, nunca he oído hablar de eso”,
contestó Arturo tras pensar un momento.
“Magos? Quieres decir que ellos tienen
un modo diferente de hacer las cosas?”

“No, las hacen exactamente igual que nosotros”,
replicó Merlín, y chasqueando los dedos
encendió el montón de leña húmeda
que Arturo había recogido,
impaciente ante los torpes esfuerzos del muchacho
por encender el fuego.
Al instante se formó una gran llama.
Acto seguido, Merlín abrió las manos y sacó de la nada
un par de patatas y un puñado de setas silvestres:

“Ensártalas en una broqueta
y ponlas a tostar sobre el fuego, por favor”, dijo.

Arturo obedeció sin más. Tenía unos diez años
y la única persona a quien conocía era Merlín.
Estaban juntos desde que tenía memoria.
Seguramente había tenido madre
pero no tenía el más mínimo recuerdo de su rostro.

El anciano de luenga barba blanca
había reclamado su derecho sobre el infante real
a las pocas horas de su nacimiento.

“Soy el último guardián del sendero del Mago”, dijo Merlín.
“Y quizás tu seas el último en conocerlo”.

Poniendo las broquetas sobre el fuego,
Arturo miró sobre el hombro.
La curiosidad le había picado: Merlín un mago?.
Nunca lo había pensado.
Los dos vivían solos en el bosque, en la cueva de cristal.
El brillo de la cueva les proporcionaba la luz.

Arturo había aprendido a nadar convirtiéndose en pez.
Cuando deseaba comida, esta aparecía,
o Merlín le daba un poco.
Acaso no era así como todo el mundo vivía?

“Verás, dentro de poco te irás de aquí", continuó Merlín.
“No vayas a dejar caer esa patata dentro de la ceniza”.

Por supuesto el muchacho ya la había dejado caer.
Como Merlín vivía hacia atrás en el tiempo,
sus advertencias siempre llegaban demasiado tarde,
después de ocurridos los percances.

Arturo limpió la patata y la ensartó de nuevo en la broqueta,
hecha de la madera verde de un tilo.

“No importa”, dijo Merlín, “ésa puede ser la tuya”.

“Cómo así que me iré?”, preguntó Arturo.
Sólo había ido de vez en cuando al pueblo cercano,
cuando Merlín deseaba ir al mercado, y en esas ocasiones,
el mago siempre tenía cuidado de ocultar
la identidad de los dos bajos pesadas capas.

Pero el muchacho era gran observador,
y lo que había visto en los demás, le preocupaba.
Merlín miró de soslayo a su discípulo.

“Pienso enviarte al pantano o,
como dicen los mortales, al mundo.
Te he mantenido lejos del pantano durante todos estos años, enseñándote algo que no debes olvidar”.

Merlín calló para ver el efecto de sus palabras,
y luego continuó: “El sendero del Mago”.

Tras pronunciar estas palabras,
ambos quedaron en silencio,
como suele suceder entre quienes llevan mucho tiempo juntos.

Anciano y niño casi respiraban al unísono
la inquietud que daba vueltas en la mente de Arturo,
cual pantera enjaulada.

Terminada su comida,
el muchacho fue a lavarse en el estanque azul
que estaba al pie de la colina.

Cuando regresó,
Merlín tomaba el sol sobre su roca favorita
(aunque “tomar el sol” es apenas un decir,
puesto que la espesa colcha de nubes
se había adelgazado apenas lo suficiente
para que un rayo solitario se abriera paso
a través de las copas de los árboles
para iluminar los cabellos plata del mago).

Las primeras palabras que salieron de la boca del muchacho
fueron: “Qué será de ti?”

“De mi? No te creas tan importante.
Podré arreglármelas perfectamente sin ti, gracias”.

En el instante mismo en que terminó de hablar,
Merlín supo que había lastimado los sentimientos del niño.
Pero los magos son malos para disculparse.
Un hermoso arco hecho de fresno blanco
apareció en el suelo al lado de Arturo,
quien lo tomó presuroso y comenzó a tensarlo.

En su lenguaje privado,
sabía que era la forma como el anciano se disculpaba.

“No me preocupa lo que pueda pasarme”, continuó Merlín,
“sino que se pierda el conocimiento.
Como te dije, quizás seas el último
en conocer el sendero del Mago”.

“Entonces me cercioraré de que no se pierda”,
prometió Arturo.

Merlín asintió con la cabeza.
No volvió a tocar el tema del sendero del Mago
ese día ni durante muchos días más.

Sin embargo, una mañana de junio, al despertarse,
Arturo encontró su cama de ramas de pino cubierta de nieve.
Tembló de frío y se sentó,
lanzando al aire una nube de copos blancos
al sacudir su cobija de piel de venado.

“Creí que hacías esto sólo en diciembre”, dijo,
pero Merlín no contestó.
Estaba inmóvil en medio del círculo de nieve
que cubría su campamento.

Ante él había una extraña aparición:
una enorme roca con una espada que sobresalía de ella.

A pesar del frío, la roca no tenía nieve
y la hoja de la espada se proyectaba en el aire,
deslumbrado con el brillo de su metro y medio
de acero damasquino martillado.

“Qué es eso?”, preguntó Arturo.
La vista de la roca lo conmovió profundamente,
aunque no entendió por qué.

“Nada”, replicó Merlín.
“Sólo recuérdala”.

Un momento después, la espada en la roca
comenzó a desvanecerse, y cuando Arturo
regresó de su baño matinal,
el claro del bosque estaba tibio nuevamente,
el sol había fundido hasta el último copo de nieve
y la roca se había esfumado como un sueño.

El niño sintió ganas de llorar,
porque sabía que la aparición
era el gesto de despedida de Merlín,
de despedida y de recuerdo.

Lo que le sucedió a Arturo cuando salió al mundo
es ahora leyenda.
Con el tiempo se encontró en Londres,
en una nevada mañana de Navidad,
a las puertas de la catedral donde la espada en la roca
había reaparecido misteriosamente.

Para asombro de la gente que salía de la iglesia,
retiró la espada y reclamó su derecho a ser rey.
Libró largas y crueles batallas para vencer
una horda de rivales que pretendían el trono,
y luego estableció en Camelot la sede de su poder.

Todos los días vivió de acuerdo con las enseñanzas del mago.

Finalmente falleció y se convirtió en historia.
Quedó como tarea a las generaciones posteriores
averiguar lo que Merlín le había enseñado a su discípulo
durante esos años en el bosque,
antes de que Arturo se allegara a la roca
y tomara el destino por su empuñadura engastada de joyas.

El mundo de Arturo desapareció
poco después de la caída de Camelot.
El reino cayó presa nuevamente de las luchas intestinas
y la ignorancia, y Merlín demostró
haber sido el último de su clase,
tal como lo había pronosticado.

Después de él, no se registra en la historia de Occidente
el nombre de ningún mago.

Pero Merlín nunca creyó que la sabiduría del mago
dependiera de la forma como se desenvolvió la historia.

“Lo que sé está en el aire”, solía decir.
“Respíralo y lo hallarás”.

Los magos conocían cosas atemporales y, por lo tanto,
la reserva de su conocimiento
debe estar por fuera del tiempo.

El camino está abierto.
Comienza en todas partes y no lleva a ninguna,
pero aún así conduce a un sitio real.

Todo esto se nos presenta a los ojos
a medida que escuchamos a Merlín.

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El Mago y La Mente Consciente

La naturaleza de la vida es contener a la vez
el caos y el orden.

Del desorden surgen patrones que más adelante
se disuelven nuevamente en él.

El cuerpo es totalmente caótico en ciertos niveles
– con cada inhalación entran en el torrente sanguíneo
remolinos de átomos de oxígeno,
cada célula rebosa enzimas y proteínas,
y hasta los disparos de las neuronas en el cerebro
son una tormenta eléctrica incesante.

No obstante, este caos es sólo una cara del orden,
porque no hay duda de que nuestras células
son obras maestras de una función organizada
y que la actividad del cerebro
produce pensamientos coherentes.


En efecto, el caos y el orden coexisten tan estrechamente
que no pueden separarse.

“Antes de ser una estrella reluciente es preciso se caos”,
decía Merlín.
Y eso es literalmente cierto,
porque los remolinos de gases primordiales
que formaron el universo tuvieron que existir antes
de que nacieran las galaxias.


Al principio, esos gases no mostraban ningún patrón,
sólo una ligera atracción entre sí.
Sin embargo a partir de esa leve insinuación
de atracción gravitacional se desencadenaron
una serie de sucesos que culminaron
en el principio del ADN humano,
una molécula tan compleja que la alteración
de una de sus tres mil millones de unidades genéticas
pudo haber sido la diferencia entre la vida y la muerte.


A nivel personal,
cada quien lucha entre el orden y el desorden.

Las cosas tienden a desbaratarse;
aquello que fue fresco y maduro acaba por dañarse;
lo que era joven envejece y muere.

“La muerte es una ilusión”, decía Merlín,
“ y no obstante, la lucha de los mortales contra la muerte
es muy real.
Ningún mortal sabe exactamente lo que es la muerte,
pero le teme tanto a ese suceso inminente
que batalla contra él con todas sus fuerzas
sin darse cuenta del enorme desorden y caos que genera”.


El Mago sabe que la vida
siempre se ha organizado desde adentro.

Esos mismos tirones de gravedad
que dieron nacimiento a las estrellas a partir del caos
existen en todos los niveles de la naturaleza.

Una rosa puede estar totalmente segura de convertirse en rosa,
aunque cuando es una plántula
no es muy distinta de un frijol o de una violeta,
y cuando es semilla su exclusividad quizás radique
únicamente en los minúsculos giros
de su par de cadenas de AND.

Sin embargo, nosotros los humanos
nos preocupamos mucho por la perfección,
de manera que desperdiciamos horas de lucha y esfuerzo
tratando de afirmar nuestra individualidad.


“Qué importa que las aves vivan sin pensar,
o que una rosa sea siempre una rosa?” preguntó Arturo.
“No tienen mente y, por lo tanto,
no tienen otra alternativa que ser lo que son”.


“Es cierto que ustedes los mortales tiene libre albedrío,
pero le dan demasiada importancia”, replicó Merlín.
“Yo vivo sin tener que elegir entre diferentes opciones,
y mi vida es mucho más feliz”.


“Sin tener que elegir entre diferentes opciones?
Pero si tomas las mismas decisiones que yo”,
protestó Arturo.


Merlín se ecogió de hombros.
“Te dejas engañar por las apariencias. Mira tu mano.
No hay duda de que te pertenece, pero no obstante,
no decides cómo crecen sus células;
no tienes la mínima idea de qué es lo que hace
que tus nervios y músculos se muevan;
no haces crecer tus uñas conscientemente
y tampoco haces que una herida cicatrice
cuando te lastimas, o sí?”


--“Es cierto, no tengo que hacer ninguna de esas cosas”.

“En otras palabras, esas no son opciones que tú debas elegir”,
continuó Merlín.
“Estas funciones le han sido entregadas
a un lado involuntario de tu cerebro,
el cual se ocupa de ellas automáticamente.
Asimismo, yo he entregado al lado automático de mi cerebro
todas aquellas cosas a las cuales tú dedicas tanto tiempo
– pensar, decidir, sentir, elegir, juzgar.
Lo que es otra forma de decir que las he dejado en manos de Dios”.


“Entonces para qué utilizas tu mente consciente?”
preguntó Arturo.


“Para apreciar este mundo y el milagro de la vida.
Soy testigo de todo lo que es y, como espectáculo,
no hay nada más asombroso, bello o gratificante”.

El Alquimista

Según la alquimia, los cuatro elementos
– tierra, aire, agua y fuego –
se combinan misteriosamente para llegar
al mágico producto final llamado vida.

No hay duda de que estamos hechos
de tierra,
aire y agua,
modificados a partir de una forma preliminar,
como el alimento.

Sin embargo no es posible destilar el fuego
que anima a estos materiales sin vida,
porque no es un fuego visible,
ni siquiera un calor metabólico.

Es el fuego de transformación, puro y simple.

Por lo tanto somos la transformación,
los transformadores y los transformados.

Somos nuestro propio alquimista,
encargado de transmutar constantemente
las moléculas sin vida de la encarnación viva
de nosotros mismos.

Ése es el acto más creador y mágico
que podemos realizar.

La maravilla de esta alquimia no tiene límite.
En un momento dado podemos estar leyendo un libro,
digiriendo una comida, fabricando proteínas y encimas,
almacenando información en la memoria,
creciendo, respirando, evaluando el entorno,
cicatrizando una herida, reemplazando células muertas,
alejando los virus, y muchas otras actividades más.

Todas estas transformaciones
suceden en su mayoría sin que nos demos cuenta.

El alquimista en invisible,
trabaja detrás de bambalinas,
y pocos nos interesamos alguna vez
por descubrir de quién se trata.

Su hogar no está en el espacio o el tiempo,
sino en lo eterno, más allá de la memoria.

Siéntese un momento
e imagine que puede ver su vida
como un papiro que se desenrolla
a medida que usted examina más y más
sucesos de su pasado.

Comience a desenrollar el papiro
hasta que vea una escena conocida,
como el día en que le dieron el empleo que tiene ahora.

Véala con claridad y luego vaya más atrás,
por ejemplo a sus días de universidad ,
y continúe haciendo lo mismo
hasta ver imágenes de la escuela secundaria,
la escuela primaria, el jardín infantil.

Visualice tan claramente como pueda
as escenas de cuando era niño,
cuando apenas comenzaba a caminar,
cuando era lactante.

No importa si no aparecen imágenes vívidas;
será suficiente con tener la sensación
de cómo era usted en esas edades.

Ahora regrese al día en que nació
– será pura imaginación –
y luego véase como feto
y después como un conjunto de células
transparentes agrupadas en una bola.

Vea cómo se encoge la bola
hasta reducirse a dos células
y luego a una sola.

Por último, cruce ese punto e imagínese antes de eso,
sin siquiera una célula a la cual adherirse.

Al cruzar este umbral,
observe que su identidad no desaparece.

unque no tenga imágenes a las cuales mirar,
ni cuerpo, usted sigue siendo lo que es en realidad:
una consciencia observadora
que permanece inmutable
aunque las escenas de la vida cambien constantemente.

Ésa es su identidad como consciencia,
un alquimista activo y sabio
que permanece separado,
detrás del drama constante de la transformación.

Ahora trate de imaginar
que ésa consciencia desaparece.

En otras palabras, imagine una época
antes de que usted existiera.

Esto es algo que no puede hacer,
porque el alquimista no está confinado
al reino del tiempo,
donde todos los sucesos comienzan y terminan.

Trate así mismo de avanzar hacia el futuro
e imaginarse el tiempo en que usted ya ha muerto
y ha desaparecido completamente de la Tierra.

Tampoco puede hacerlo.

Al llegar a la final de la memoria,
el sentimiento, las emociones, la imaginación
y las ideas, todavía queda el ser en forma pura,
como un impulso de vida
que fluye constantemente a través
del espejismo de la creación.

Ese flujo ocurre en forma
de transformaciones constantes,
la alquimia de la existencia que se extiende
a todos los mundos y más allá de ellos.

Tu Gran Problema

Tu gran problema no será el deseo
sino el apego,

sentir la necesidad
de aferrarse a las cosas

cuando el flujo de la vida
te pide que las dejes ir.

Vacío Espiritual

El vacío espiritual no es el resultado
de desear cosas materiales.

Se creó cuando volvimos los ojos hacia las cosas externas
para esperar de ellas lo que no pueden hacer.

El Mago y El Deseo



Los Magos jamás condenan el deseo.


Fue siguiendo sus deseos

como se convirtieron en Magos.


Todo deseo nace de un deseo anterior.

La cadena del deseo jamás termina.

Es la vida misma.

No consideres inútil o equivocado
ninguno de tus deseos
-- algún día todos se cumplirán.


Los deseos son semillas

a la espera de la estación propicia para germinar.
De una sola semilla de deseo
nacen bosques completos.

Aprecia cada uno de los deseos de tu corazón,

por trivial que parezca.
Un día,
esos deseos trviales,
te conducirán hasta Dios.


Arturo y La Jarra de Plomo


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Tras abandonar el bosque de Merlín,
el joven Arturo vivió con Sir Ector y su hijo Kay.

Recibió el título de escudero, pero sólo de nombre.

Arturo no tenía familia ni propiedades,
no podía pagar por su ropa y nadie creía
que fuera de familia noble.

A espaldas de Sir Ector, los muchachos de las caballerizas
le lanzaban lodo y las sirvientas murmuraban
que Arturo conocía la magia negra.


Debido a todo eso,
Arturo pasaba la mayor parte del tiempo solo.

Un día se encontraba sentado al borde de un robledal,
mirando fijamente una vieja jarra de plomo,
cuando Kay lo encontró.

“La robaste?”, preguntó Kay con suspicacia.


“No”, contestó Arturo sacudiendo la cabeza.
“La tomé prestada”.


-- “Para qué?”
-- “Alquimia”

Los ojos de Kay se abrieron como platos.
Había oído decir que los magos tenían el poder
de convertir los metales inferiores en oro.


“Aprendiste alquimia?”, preguntó.
Arturo asintió.
“Si puedes transformar el plomo en oro”
dijo Kay conmocionado,
“nuestra familia será la más rica de Inglaterra.
Muéstame”.


Arturo asintió con la cabeza
e hizo una señal a Kay para que se sentara
a su lado sobre el césped.

Sin decir más, comenzó a mirar
fijamente la jarra de plomo.
Al cabo de unos momentos Kay
observó que Arturo tenía los ojos cerrados.
Esperó impaciente pero cuando Arturo abrió los ojos
quince minutos más tarde,
la jarra seguía siendo de plomo.


“Creo que eres un fraude”, dijo Kay furioso.
“La jarra sigue siendo de plomo”.


Arturo no se inmutó.

“Pues claro que sí.
Está allí sólo para recordarme algo.
Soy yo quien está tratando de convertirse en oro.”

El Mago, La Alquimia y El Mundo


www.blog.catholic.net ... gracias por la imagen!

El Mago es el maestro de la alquimia.

La alquimia es transformación.

La búsqueda de la perfección
se inicia a través de la alquimia.

Somos el mundo.

Cuando nos transformemos,
el mundo en el cual vivimos
también se transformará.

Las metas de la búsqueda
--- heroísmo, esperanza, gracia y amor ---
son el legado de lo eterno.

Para reclutar la ayuda del Mago,
debemos ser fuertes en la verdad,
no obstinados en nuestros juicios.

La Respiración Para Limpieza de Calabozos

Hay muchas formas de liberar las viejas energías.

Una de las más poderosas es el simple hecho
de reconocer que están ahí.

En lugar de negar, por ejemplo,
que siente vergüenza o culpa, mírese y diga:
“Así es como me siento”.

Muchas veces, ese momento de consciencia
es suficiente porque, al fin de cuentas,
es través de la negación que todas las energías retenidas
quedan atrapadas.

Habrá ganado la mitad de la batalla
cuando supere la negación.

El reconocimiento es otra forma de autoaceptación.

No necesita decir:
“está bien sentir vergüenza y culpa”,
porque en realidad, esas son energías
que ustede desea liberar, no perpetuar.

Pero ciertamente está bien decir:
"Tengo esos sentimientos. Ellos son reales.”

Una de las técnicas más eficaces
para superar la negación
es por medio de la respiración.

Acuéstese en un sitio tranquilo y relájese.
Ahora inhale de la manera que desee,
profunda o superficialmente.

No se imponga ningún ritmo ni realice ningún esfuerzo,
sencillamente deje fluir la respiración.
Es probable que suspire o jadee un poco,
pero no importa.

Ahora inhale nuevamente y luego exhale
sin esforzarse ni tratar de retener el aire.
Siga respirando de esa forma
y permita que todas las imágenes
o emociones disponibles salgan a flote
para ser liberadas.

Puede ayudarse concentrándose en el corazón,
o en cualquier parte del cuerpo donde sienta sensaciones
--- algunos puntos físicos están estrechamente
asociados a las emociones.

A medida que continúa el ejercicio,
las energías retenidas comenzarán a salir.

Entre los síntomas de esta descarga
pueden estar recuerdos borrosos,
sombras de sentimiento, o incluso,
expresiones poderosas de la emoción, como los sollozos.
(Si los sentimientos son demasiado intensos,
suspenda el ejercicio y descanse con los ojos cerrados
durante cinco minutos.)

La mayoría de la gente tiene tanta energía almacenada
que se queda dormida rápidamente
haciendo este tipo de respiración –
eso es señal de la liberación de una fatiga
profundamente reprimida.

Si al hacer este ejercicio siente que no libera energía,
es posible que esté usando la mente para aferrarse.

La manera de dejar a la mente a un lado
es alterando ligeramente la respiración:
trate de jadear superficial y rápidamente.

Esta respiración rítimica, rápida y superficial
hará que su mente consciente se distraiga
y permitirá que las energías se cuelen por un lado.

Continúe jadeando durante unos dos minutos,
pero no más, puesto que la liberación
puede tornarse demasiado intensa.

La repetición de este ejercicio puede servir
para liberar más energías retenidas, y también
es muy útil para aprender a descargar todas las emociones
o sentimientos nuevos que desean salir a flote.

Al igual que cualquier otro aspecto de su personalidad,
la sombra desea expresarse y ser libre,
y el primer paso es encontrar una forma natural y cómoda
de liberar las energías negativas en lugar de
guardarlas en los calabozos de la mente.

El Mago y las Subpersonalidades

No es difícil entrar en contacto con energías retenidas.

Siéntese a solas en un sitio silencioso.

Respire naturalmente.

Ahora, sin cambiar el ritmo de la respiración,
fije su atención en la facilidad
con que inhala y exhala.


No haga nada más hasta que su respiración
sea tranquila y rítmica.


Cuando llegue a ese punto,
trate de recordar un incidente muy desagradable
de su pasado durante el cual se hayan manifestado
muchas emociones negativas,
como una humillación
o un momento de vergüenza o de culpa.


Digamos que fue atrapado
haciendo trampa en un examen o robando.


No importa si el incidente fue serio o intrascendente
– se trata de identificar la emoción persistente.


Traiga a la mente una imagen nítida de ese incidente
y experimente los sentimientos de ese momento.


Ahora lleve su atención a la respiración
– ésta ya no será tranquila.


Dependiendo del tipo de emoción traída a la memoria,
su respiración se tornará irregular o superficial;
podría incluso retener el aliento
o sentir que le falta el aire.


Estos cambios reflejan el hecho de que
la respiración es el reflejo fiel del proceso de pensamiento y,
en particular, del recuerdo de una emoción.


Lo que está experimentando son tres componentes:
memoria, energía y apego.


Cuando los tres se reúnen,
forman el comienzo de una subpersonalidad.


Todas las subpersonalidades desean lo mismo:
expresarse a través de nosotros.


El lactante que llora,
el niño solo,
el adolescente frustrado,
el amante esperanzado,
el trabajado ambicioso
– todos desean vivir la vida a través de nosotros.


Y lo hacen a su manera.
Ninguna de las personalidades logra realizarse plenamente;
por lo tanto, todas deben gritar
para tener un momento en el Sol
– o en la sombra.


El conflicto resultante es el que hace que la vida
sea tan ambigua, tan llena de luz y sombra a la vez.


Sin embargo el Mago vive solamente en la Luz.

Al igual que un bebé,
el Mago no retiene la energía.


Habiendo liberado todos los apegos recordados
que le sirven de combustible a nuestra lucha interior,
el mago ha logrado ir más allá de la personalidad
para vivir en la consciencia pura.


La forma de pasar del estado mortal al estado del Mago
podría parecer misteriosa,
pero en realidad es completamente natural.


Lo único que se necesita es equilibrio,
que el flujo de la vida se encargará de preservar.

El Mago y el Yo-Sombra


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El yo-sombra es sólo otro papel o identidad
que arrastramos por la vida, pero sin mostrarlo en público.

La mayoría de las veces el yo-sombra
se siente demasiado avergonzado o temeroso
para presentarse a la luz del día.

Pero no hay duda de que existe,
porque cada uno de nosotros
ha inventado su propia sombra,
un personaje cuya tarea es cargar todas las energías
que no hemos podido desacargar.

El recién nacido no tiene problemas
en aferrarse a los sentimientos “malos” o nocivos.
Tan pronto como arrojamos algo negativo
dentro del entorno de un bebé,
éste llora o se aparta.

Esta reacción es extremadamente sana,
porque al expresarse tan libremente,
el bebé descarga las energías que,
de lo contrario se adherirían al él.

Sin embargo, a medida que crecemos,
aprendemos que no siempre es apropiado
dejarnos llevar por las manifestaciones espontáneas.

En aras de la buena educación y el tacto,
o de conocer nuestro lugar,
o de hacer lo que dicen nuestros padres,
odos aprendemos a guardar las energías negativas.

Nos convertimos en baterías
con una capacidad de recarga cada vez mayor,
y como adultos retenemos la ira, el resentimiento,
la frustración y el temor de muchos años.

Además, lo más grave
es que hemos olvidado el instinto
que nos permitía descargar las baterías.


“Sería muy interesante para ti ver algún día
hasta qué punto pareces una bomba”,

le dijo Merlín al joven Arturo.


“Qué es una bomba?”

“Si vivieras hacia atrás en el tiempo,
que es la única forma sensata de vivir,
lo sabrías.”

Merlín reflexionó durante un segundo.

“Imagina que inflas una vejiga de cerdo
hasta que revienta.
La bomba funciona sobre ese mismo principio,
salvo que estalla con tanta fuerza
que mata a las personas.”


“Por Dios, no hay forma de prevenir eso en el futuro?”,
preguntó Arturo alarmado.


“No, no entiendes.
Las bombas estallan precisamente
porque matan a la gente. Ésa es la idea.
Lo menciono sólo porque las bombas
se parecen mucho a los mortales,
quienes van por ahí listos a estallar a toda hora.
La explosión de la metralla
– así se llamaran las municiones con que se cargarán las bombas –
no es otra cosa que la explosión de la ira
hecha manifiesta.
En efecto, si los humanos pudieran explotar
y matar a sus vecinos sin temor a las represalias,
la mayoría lo haría.”





Excalibur



Célebre y controvertida Espada Cantarina,
supuestamente del rey Arturo,
nacida de la pluma de Godofredo de Monmouth,
en el episodio de la Espada en la Piedra,
aunque con el nombre de
"Caliborn" y no como Excalibur.

Este nombre, al igual que el apodo de Espada Cantarina,
surge con Chrétien de Troyes, y su fama, definitivamente
sellada por Sir Arthur Malory, se prolongó
en los siglos posteriores hasta nuestros días.

Monmouth y Wace coinciden en que fue forjada
por Morgana en la Isla de Avalon,
ayudada por Scatagh, la Diosa Guerrera,
y relatan que Arturo la utilizó en repetidas
oportunidades contra grandes oponentes.

Chrétine de Troyes, por su parte, la menciona
como "la espada
más formidable que jamás se forjada, cuyo sonido al chocar contra otro acero le valió el nombre de Espada Cantarina...",
pero la pone
en manos de Sir Gawain,
y en una sola oportunidad en sus manos,
en el epílogo de la vulgata (el episodio de la muerte),
cuando
el monarca, mortalmente herido,
encomienda al último caballero restante
Sir Guifelet, que la arroje en un lago cercano.

Al hacerlo, una mano surgió de las aguas,
sujetó la espada
por la hoja,
como si empuñara una cruz, y luego la sumergió
definitivamente bajo la superficie;
esa fue la forma en que Arturo vio confirmada la proximidad
de su propia muerte.

J. Frappier, sostiene dos orígenes distintos para Excalibur:
el primero: fue forjada por Merlín,
quién la incrustó
en un yunque de hierro
para avalar el derecho de Arturo
a ocupar el trono de Britania;

el otro: coherente con el final más aceptado para Excalibur;
es el de La Llegada de Arturo, versión que afirma que,
habiendo roto la que sacó del yunque, en un combate
contra Sir Pellinor, Arturo recibió otra de una mano
surgida de
las aguas de un lago,
con la condición de que fuera devuelta
al mismo lugar cuando hubiera llegado su última hora.

También hay diferentes opiniones con respecto a la
etimología del nombre que, si bien en los últimos tiempos
parece
haberse estipulado en Excalibur,
en la antiguedad recibió otros,
algunos similares, otros no tanto.
Godofredo de Monmouth,
por ejemplo,
la llamó Caliburnus que derivaría tal vez del latín
chalybs = acero;
los celtistas en cambio, sostienen que sería
una deformación fonética del nombre galés de la espada
en Mabinogion, Calledvwich, término compuesto por las palabras
calleth = resistente, fuerte y vwylch = filo
y que tendría un
antecedente en el nombre
de otra espada de las sagas irish gaëls:
la Claadbolg del héroe/dios Gorias,
forjada por la misma diosa Sctagh.

La celebridad alcanzada por Excalibur,
sólo superada por la del
mismo Arturo,
hizo que los reyes de Inglaterra simularan poseerla,
como herencia legada al futuro
por el propio monarca de Britania.






Bandrui

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