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Y El Profeta Habló De La Alegría y De La Tristeza

Vuestra alegría
es vuestra tristeza desenmascarada.
Y a menudo,
el mismo pozo del que surge vuestra risa
está lleno de vuestras lágrimas.

Y cómo podría ser de otra manera?
Cuánto más hondo cale la tristeza en vuestro ser,
tanta mayor será la alegría que podáis contener.

No es la copa que contiene vuestro vino
la mía que ardía en el horno del alfarero?

Y no es el laúd que apacigua vuestro espíritu,
de la madera misma
en que tallaron los cuchillos?

Cuando estéis gozosos,
mirad en lo hondo de vuestro corazón,
y os daréis cuenta de que,
lo mismo que os causó tristeza,
os está dando alegría.

Cuando estéis tristes,
volved a mirar en vuestro corazón,
y veréis que en verdad estáis llorando
por lo mismo que otrora fue vuestro gozo.

Algunos de vosotros decís:
"La alegría no es mayor que la tristeza",
y otros decís:
"No, la tristeza es mayor"

Pero yo os digo que una y otra cosa
son inseparables.

Llegan juntas,
y cuando una se sienta con sola
con vosotros a vuestra mesa,
recordad que la otra
duerme en vuestro lecho.

En realidad, estáis suspendidos,
como platillos de balanza,
en vuestra tristeza y vuestra alegría.

Sólo cuando vacíos,
estáis quietos y equilibrados.

Cuando el acaparador de tesoros
os alza para pesar su oro y su plata,
necesita que vuestra alegría,
o vuestra tristeza,
suba o baje.

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Y El Profeta Habló Del Matrimonio ...

Juntos nacisteis y juntos estaréis
por siempre jamás.

Juntos estaréis
cuando las blancas alas de la muerte
dispersen vuestros días.

Sí; estaréis juntos
hasta en la silente memoria de Dios.

Pero dejad que haya espacios
en medio de vuestra unión,
y que lo vientos en los cielos
dancen entre el uno y la otra.

Amaos,
pero no hagáis del amor una cadena:
antes bien se un bullente mar
entre las playas de vuestras almas.

LLenaos uno a otro la copa de vino,
mas no bebáis del mismo vaso.

Compartid el pan,
pero no comáis de la misma hogaza.

Cantad y dansad juntos,
y regocijaos,
pero que cada cual esté a veces solo,
así como las cuerdas del laúd están solas,
aunque vibren con la misma música.

Entregaos el corazón,
pero no para poseerlo,
porque sólo la mano de la Vida
puede contener vuestros corazones.

Y erguíos juntos,
mas no demasiado,
porque los pilares del templo
se yerguen separados unos de otros,
y el roble y el ciprés
crecen el uno
a la sombra del otro.

Y El Profeta Habló Del Dar ...

Poco es lo que dais,
cuando dais algo de lo que poseéis.

Dais verdaderamente cuando dais algo
de vosotros mismos.

Porque:
qué son vuestras posesiones,
sino cosas que conserváis y vigiláis,
por el temor a que las neceistéis mañana?

Y mañana, qué deparará el mañana
al perro más que previsor,
que entierra huesos en la arena sin rastros,
al seguir a los peregrinos
que se encaminan a la ciudad santa?

Y qué es el temor a la necesidad,
sino la necesidad misma?
No es el temor a padecer sed,
cuando vuestro pozo está colmado,
la vedadera sed insaciable?

Hay quienes dan un poco de lo mucho que tienen,
y lo dan pensando en la gratitud que se les deberá,
y tal oculto deseo hace que sus dádivas
sean despreciables.

Otros hay que tienen poco,
y que lo dan todo.
Estos son los que creen en la vida,
y las arcas de estos nunca están vacías.

Los hay que dan con alegría,
y esa alegría se recompensa.
Y los que dan con dolor,
y tal dolor es su bautismo.

Empero hay quienes dan,
y no sienten dolor al dar;
y no buscan la alegría al dar,
ni dan en aras de la virtud.

Estos, dan como en el valle el mirto,
que ofrece el soplo de su fragancia al espacio.
A través de las manos de estos últimos,
Dios se manifiesta,
y en los ojos de quienes así dan,
Él sonríe a la Tierra.

Bien está dar cuando se nos pida,
pero es mejor hacerlo sin que se nos pida,
con comprensiva espontaneidad.

Y a los pródigos de mano abierta,
la búsqueda de alguien que reciba
es más que grata que el dar.

Y decidme,
hay algo que podáis retener?
Por lo tanto, dad ahora,
que la estación de dar sea vuestra,
y no de vuestros herederos.

Decís, a menudo:
"Yo daría, pero sólo a quienes lo merezcan".
Los árboles de vuestros huertos
no dicen tal cosa,
ni las ovejas de vuestros pastizles:
dan para poder vivir,
porque retener es perecer.

Seguramente,
quien es digno de recibir sus días y sus noches
también es digno de vuestras dádivas.
Y quien ha merecido beber del océano de la vida,
merece llenar su copa
en vuestro insignificante arroyuelo.

Y, qué merecimiento mayor puede haber
que el que reside en el valor y la confianza,
no en la caridad de recibir?

Y, quiénes sois, para que los hombres
os tengan que revelar su fuero interno,
y desnudar su orgullo,
de tal manera que veáis su valer,
y su orgullo sin disfraces?

Procurad ante todo,
que merezcáis ser dadores,
e instrumentos del dar.
Porque en verdad,
sólo la vida es la que da a la vida,
mientras que vosotros,
que os consideráis dadores,
no sois sino testigos de la vida.

Y vosotros, los que recibís
--- y todos, todos sois seres que reciben ---
no hagáis de la gratitud una carga,
para que no creéis un yugo
entre vosotros y el dador.

Antes bien,
erguíos junto con el que os da,
en sus dádivas,
como si llevarais alas,
porque pensar demasiado en vuestra deuda
es dudar de la generosidad de quein os da,
que tiene por madre a la pródiga Tierra.
y por padre, a Dios.















Y El Profeta Habló Del Amor ...

Cuando el amor os llame,
seguidlo.
Aunque sus caminos sean arduos y escarpados.

Y cuando sus alas os envuelvan,
entregaos a él,
aunque la espada oculta en su plumaje os hiera.

Y cuando os hable,
creed en él,
aunque su voz sacuda vuestros sueños,
así como el viento del norte
destroza el jardín.

Porque así como el amor os corona,
también os crucificará.
Así como os hace crecer y prosperar,
también os podará.
Y así como asciende a vuestras copas,
y acaricia vuestras más tiernas ramas que se mecen al sol,
así descenderá hasta vuestras raíces,
y las sacudirá,
por más arraigadas que estén en la tierra.

El amor, como si fueseis mazorcas,
os guarda para sí mismo.
Os desgrana para que esteís desnudos.
Os tamiza para limpiraos de vuestro hollejo.
Os muele para que estéis blancos.
Os amasa para que estéis blandos.
Y luego, os destina a su sagrado fuego,
para que podáis llegar a ser pan de holocausto
en las sagradas fiestas de Dios.

Todas estas cosas hará el amor con vosotros,
para que conozcáis los secretos de vuestro corazón,
y para que conociéndolos, llegueis a ser
un fragmento del corazón de la vida.

Pero si en vuestro temor, sólo buscarais
la paz del amor,
y el placer del amor,
será mejor que cubráis vuestra desnudez
y dejeis atrás las eras del amor;
y sigáis vuestro camino hacia el mundo sin estaciones,
donde reiréis,
más sin agotar toda vuestra risa,
y lloraréis,
pero sin verter todas vuestras lágrimas.

El amor no da más que de sí mismo,
y no toma sino de sí mismo.

El amor no posee nada,
ni deja que se le posea.
Porque el amor se basta a sí mismo.

Cuando améis, no debieráis decir:
"Dios está en mi corazón!
sino:
"Estoy en el corazón de Dios"

Y no penséis que podéis dirigir
el rumbo del amor;
porque el amor,
si os considera dignos de él
dirigirá vuestro rumbo.

El amor no tiene más deseo
que colmarse a sí mismo:
Empero, si amáis,
y es inevitable que surjan los deseos,
que estos sean los vuestros:

Fundiros y ser como arroyuelos
que cantan su melodía a la noche.

Conocer el dolor de la
inenarrable y excesiva ternura.

Ser heridos por lo que entendáis del amor.
Y sangrar, gozosa, regocijadamente.

Despertar al alba,
con el corazón alado,
y dar gracias por otro día de amor;

descansar al mediodía,
y meditar en el éxtasis amoroso;

volver al hogar, por la noche,
con un sentimiento de gratitud;

y luego, ir a dormir con una plegaria
para el ser amado en vuestro corazón,
y con un cántico de alabanza en vuestros labios.




Parlez-Nous Des Enfants



Et une femme qui portait un enfant dans les bras dit,

"Parlez-nous des Enfants."

Et il dit :

Vos enfants ne sont pas vos enfants.
Ils sont les fils et les filles
de l’appel de la Vie à elle-même.


Ils viennent à travers vous mais non de vous.
Et bien qu’ils soient avec vous,
ils ne vous appartiennent pas.


Vous pouvez leur donner votre amour
mais non point vos pensées,

Car ils ont leurs propres pensées.

Vous pouvez accueillir leurs corps
mais pas leurs âmes,

Car leurs âmes habitent la maison de demain,
que vous ne pouvez visiter,
as même dans vos rêves.


Vous pouvez vous efforcer d’être comme eux,
mais ne tentez pas de les faire comme vous.


Car la vie ne va pas en arrière,
ni ne s’attarde avec hier.


Vous êtes les arcs par qui vos enfants,
comme des flèches vivantes, sont projetés.

L’Archer voit le but sur le chemin de l’infini,
et Il vous tend de Sa puissance
pour que Ses flèches puissent voler vite et loin.


Que votre tension par la main de l’Archer
soit pour la joie ;


Car de même qu’Il aime la flèche qui vole,
Il aime l’arc qui est stable.



Bandrui

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