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La Mente Como Un Paracaídas
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No Lo Hagas
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Tu Interior
UN MINUTO DE SABIDURIA
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Las 13 Abuelas y El Espíritu de las Piedras
Según la abuelas,
hay otra cosa que todos los pueblos indígenas del planeta
tiene en común:
honran y confían en el mundo de los espíritus,
un mundo al que se accede a través
de la naturaleza.
Para muchos indígenas incluso,
las piedras tienen espíritu.
De hecho se dice que las piedras
son quienes tienen mayor memoria
porque son los seres más antiguos del planeta.
Según las enseñanzas indígenas,
el espíritu de algo
está en su corazón,
y en ese espíritu, está la esencia
de la mismísima Creadora,
o como quiera que cada uno llame
a la fuerza divina.
Un acto tan sencillo como agarrar una piedra
y sujetarla en la mano en silencio
puede cambiar a una persona
de manera sutil y profunda.
Según las abuelas,
encontrar mundos diferentes en una simple piedra
nos hace descubrir mundos diferentes
dentro de nosotros mismos.
Tener el valor de mirar dentro de uno mismo
y fuera de uno mismo, era un atributo importante
en la mayoría de las culturas indígenas.
De hecho al tener un contacto tan estrecho
con la naturaleza, era casi inevitable
realizar ese viaje interno.
Septiembre 24
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Septiembre 24
Estos son tiempos decisivos
y cada alma es necesaria
en su lugar apropiado.
Es como un gran rompecabezas
cuyas piezas desparramadas hay que poner juntas;
hay un lugar justo para cada piecita.
Estás en tu lugar adecuado?
Solamente tú lo sabes.
Te sientes en perfecta armonía con la totalidad
y no estás creando disturbios
o alguna nota discordante?
En tu interior debes tener paz,
armonía y tranquilidad;
así tendrás estabilidad y estarás alineado
con lo que tiene que suceder.
Por tanto, es necesario
aquitarse y encontrar esa paz interior
que nada ni nadie puede perturbar.
Sé como un ancla, fuerte y firme,
para que ninguna tormenta externa
pueda afectarte o desplazarte de tu justo lugar.
Manténte firme,
y sabe que todo está muy, muy bien
y que todo procede de acuerdo
a Mi plan perfecto.
Que no se turbe tu corazón,
pon toda tu fe,tu confianza y seguridad en Mi.
https://www.facebook.com/pages/Bandrui/139101262800339
Arturo y La Visón de La Espada - 1
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Sabiduría
“Hay una enseñanza”, dijo Merlín,
“denominada el modo del Mago.
Has oído hablar de ella?”
El joven Arturo levantó la vista del fuego que,
sin éxito; trataba de encender.
Casi nunca era fácil encender el fuego
en las húmedas mañanas de comienzos de primavera
en el País de Occidente.
“No, nunca he oído hablar de eso”,
contestó Arturo tras pensar un momento.
“Magos? Quieres decir que ellos tienen
un modo diferente de hacer las cosas?”
“No, las hacen exactamente igual que nosotros”,
replicó Merlín, y chasqueando los dedos
encendió el montón de leña húmeda
que Arturo había recogido,
impaciente ante los torpes esfuerzos del muchacho
por encender el fuego.
Al instante se formó una gran llama.
Acto seguido, Merlín abrió las manos y sacó de la nada
un par de patatas y un puñado de setas silvestres:
“Ensártalas en una broqueta
y ponlas a tostar sobre el fuego, por favor”, dijo.
Arturo obedeció sin más. Tenía unos diez años
y la única persona a quien conocía era Merlín.
Estaban juntos desde que tenía memoria.
Seguramente había tenido madre
pero no tenía el más mínimo recuerdo de su rostro.
El anciano de luenga barba blanca
había reclamado su derecho sobre el infante real
a las pocas horas de su nacimiento.
“Soy el último guardián del sendero del Mago”, dijo Merlín.
“Y quizás tu seas el último en conocerlo”.
Poniendo las broquetas sobre el fuego,
Arturo miró sobre el hombro.
La curiosidad le había picado: Merlín un mago?.
Nunca lo había pensado.
Los dos vivían solos en el bosque, en la cueva de cristal.
El brillo de la cueva les proporcionaba la luz.
Arturo había aprendido a nadar convirtiéndose en pez.
Cuando deseaba comida, esta aparecía,
o Merlín le daba un poco.
Acaso no era así como todo el mundo vivía?
“Verás, dentro de poco te irás de aquí", continuó Merlín.
“No vayas a dejar caer esa patata dentro de la ceniza”.
Por supuesto el muchacho ya la había dejado caer.
Como Merlín vivía hacia atrás en el tiempo,
sus advertencias siempre llegaban demasiado tarde,
después de ocurridos los percances.
Arturo limpió la patata y la ensartó de nuevo en la broqueta,
hecha de la madera verde de un tilo.
“No importa”, dijo Merlín, “ésa puede ser la tuya”.
“Cómo así que me iré?”, preguntó Arturo.
Sólo había ido de vez en cuando al pueblo cercano,
cuando Merlín deseaba ir al mercado, y en esas ocasiones,
el mago siempre tenía cuidado de ocultar
la identidad de los dos bajos pesadas capas.
Pero el muchacho era gran observador,
y lo que había visto en los demás, le preocupaba.
Merlín miró de soslayo a su discípulo.
“Pienso enviarte al pantano o,
como dicen los mortales, al mundo.
Te he mantenido lejos del pantano durante todos estos años, enseñándote algo que no debes olvidar”.
Merlín calló para ver el efecto de sus palabras,
y luego continuó: “El sendero del Mago”.
Tras pronunciar estas palabras,
ambos quedaron en silencio,
como suele suceder entre quienes llevan mucho tiempo juntos.
Anciano y niño casi respiraban al unísono
la inquietud que daba vueltas en la mente de Arturo,
cual pantera enjaulada.
Terminada su comida,
el muchacho fue a lavarse en el estanque azul
que estaba al pie de la colina.
Cuando regresó,
Merlín tomaba el sol sobre su roca favorita
(aunque “tomar el sol” es apenas un decir,
puesto que la espesa colcha de nubes
se había adelgazado apenas lo suficiente
para que un rayo solitario se abriera paso
a través de las copas de los árboles
para iluminar los cabellos plata del mago).
Las primeras palabras que salieron de la boca del muchacho
fueron: “Qué será de ti?”
“De mi? No te creas tan importante.
Podré arreglármelas perfectamente sin ti, gracias”.
En el instante mismo en que terminó de hablar,
Merlín supo que había lastimado los sentimientos del niño.
Pero los magos son malos para disculparse.
Un hermoso arco hecho de fresno blanco
apareció en el suelo al lado de Arturo,
quien lo tomó presuroso y comenzó a tensarlo.
En su lenguaje privado,
sabía que era la forma como el anciano se disculpaba.
“No me preocupa lo que pueda pasarme”, continuó Merlín,
“sino que se pierda el conocimiento.
Como te dije, quizás seas el último
en conocer el sendero del Mago”.
“Entonces me cercioraré de que no se pierda”,
prometió Arturo.
Merlín asintió con la cabeza.
No volvió a tocar el tema del sendero del Mago
ese día ni durante muchos días más.
Sin embargo, una mañana de junio, al despertarse,
Arturo encontró su cama de ramas de pino cubierta de nieve.
Tembló de frío y se sentó,
lanzando al aire una nube de copos blancos
al sacudir su cobija de piel de venado.
“Creí que hacías esto sólo en diciembre”, dijo,
pero Merlín no contestó.
Estaba inmóvil en medio del círculo de nieve
que cubría su campamento.
Ante él había una extraña aparición:
una enorme roca con una espada que sobresalía de ella.
A pesar del frío, la roca no tenía nieve
y la hoja de la espada se proyectaba en el aire,
deslumbrado con el brillo de su metro y medio
de acero damasquino martillado.
“Qué es eso?”, preguntó Arturo.
La vista de la roca lo conmovió profundamente,
aunque no entendió por qué.
“Nada”, replicó Merlín.
“Sólo recuérdala”.
Un momento después, la espada en la roca
comenzó a desvanecerse, y cuando Arturo
regresó de su baño matinal,
el claro del bosque estaba tibio nuevamente,
el sol había fundido hasta el último copo de nieve
y la roca se había esfumado como un sueño.
El niño sintió ganas de llorar,
porque sabía que la aparición
era el gesto de despedida de Merlín,
de despedida y de recuerdo.
Lo que le sucedió a Arturo cuando salió al mundo
es ahora leyenda.
Con el tiempo se encontró en Londres,
en una nevada mañana de Navidad,
a las puertas de la catedral donde la espada en la roca
había reaparecido misteriosamente.
Para asombro de la gente que salía de la iglesia,
retiró la espada y reclamó su derecho a ser rey.
Libró largas y crueles batallas para vencer
una horda de rivales que pretendían el trono,
y luego estableció en Camelot la sede de su poder.
Todos los días vivió de acuerdo con las enseñanzas del mago.
Finalmente falleció y se convirtió en historia.
Quedó como tarea a las generaciones posteriores
averiguar lo que Merlín le había enseñado a su discípulo
durante esos años en el bosque,
antes de que Arturo se allegara a la roca
y tomara el destino por su empuñadura engastada de joyas.
El mundo de Arturo desapareció
poco después de la caída de Camelot.
El reino cayó presa nuevamente de las luchas intestinas
y la ignorancia, y Merlín demostró
haber sido el último de su clase,
tal como lo había pronosticado.
Después de él, no se registra en la historia de Occidente
el nombre de ningún mago.
Pero Merlín nunca creyó que la sabiduría del mago
dependiera de la forma como se desenvolvió la historia.
“Lo que sé está en el aire”, solía decir.
“Respíralo y lo hallarás”.
Los magos conocían cosas atemporales y, por lo tanto,
la reserva de su conocimiento
debe estar por fuera del tiempo.
El camino está abierto.
Comienza en todas partes y no lleva a ninguna,
pero aún así conduce a un sitio real.
Todo esto se nos presenta a los ojos
a medida que escuchamos a Merlín.
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Había Una Vez ...
Cada vez que encuentres en tus libros
un relato cuya realidad parezca imposible,
una historia que tanto la razón como el sentido común repudien,
estate seguro de que su relato
contiene una profunda alegoría que vela
una verdad profunda y misteriosa;
y cuanto más grande sea el absurdo de la letra,
más profunda será la sabiduría de su espíritu.
Y Tú? Qué Has Venido a Hacer?
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Reflexión Del Día,
Sabiduría,
Sufismo
El Maestro dijo que en este mundo
hay una sola cosa que nunca debe olvidarse.
Si fueras a olvidar todo lo demás,
pero no esto,
no habría motivo de preocupación,
mientras si recordaras, realizaras
y atendieras a todo lo demás pero olvidaras esa única cosa,
en realidad no habrías hecho nada en absoluto.
Es como si un rey te hubiera enviado a un país
para cumplir una tarea específica y concreta.
Vas a ese país y realizas otras cien tareas,
pero si no realizas aquella para la que te enviaron,
es como si no hubieras realizado nada en absoluto.
Del mismo modo, el hombre ha venido al mundo
para cumplir una tarea específica,
y "ése" es su objetivo.
Si no la realiza,
no habrá hecho nada.
hay una sola cosa que nunca debe olvidarse.
Si fueras a olvidar todo lo demás,
pero no esto,
no habría motivo de preocupación,
mientras si recordaras, realizaras
y atendieras a todo lo demás pero olvidaras esa única cosa,
en realidad no habrías hecho nada en absoluto.
Es como si un rey te hubiera enviado a un país
para cumplir una tarea específica y concreta.
Vas a ese país y realizas otras cien tareas,
pero si no realizas aquella para la que te enviaron,
es como si no hubieras realizado nada en absoluto.
Del mismo modo, el hombre ha venido al mundo
para cumplir una tarea específica,
y "ése" es su objetivo.
Si no la realiza,
no habrá hecho nada.
Ilusiones
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Despertar,
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Reflexión Del Día,
Richard Bach,
Sabiduría
Escucha!
Este mundo
Y todo lo que hay en él
Todo en él son ILUSIONES!
Somos criaturas proclives a jugar, a divertirnos,
somos las nutrias del Universo.
No podemos morir, no podemos herirnos,
así como no es posible herir las ilusiones
proyectadas sobre una pantalla de cine.
Pero podemos creer que estamos heridos,
y creerlo con todos los detalles torturantes que nos plazcan.
Podemos convencernos de que somos víctimas,
muertos y ejecutores amortajados
por la buena y mala suerte.
La realidad es portentosamente indiferente.
A la madre no le importa qué papel
representa su hijo cuando juega:
un día es el villano,
al día siguiente es el héroe.
Lo que "Es"
ni siquiera tiene noticia de nuestras ilusiones
y nuestros juegos.
Sólo se conoce a Sí mismo,
y nos conoce a nosotros a su imagen y semejanza,
perfectos y completos.
Todos somos sueños
con los símbolos que quienes soñamos despiertos
evocamos para nosotros mismos.
Este mundo
Y todo lo que hay en él
Todo en él son ILUSIONES!
Somos criaturas proclives a jugar, a divertirnos,
somos las nutrias del Universo.
No podemos morir, no podemos herirnos,
así como no es posible herir las ilusiones
proyectadas sobre una pantalla de cine.
Pero podemos creer que estamos heridos,
y creerlo con todos los detalles torturantes que nos plazcan.
Podemos convencernos de que somos víctimas,
muertos y ejecutores amortajados
por la buena y mala suerte.
La realidad es portentosamente indiferente.
A la madre no le importa qué papel
representa su hijo cuando juega:
un día es el villano,
al día siguiente es el héroe.
Lo que "Es"
ni siquiera tiene noticia de nuestras ilusiones
y nuestros juegos.
Sólo se conoce a Sí mismo,
y nos conoce a nosotros a su imagen y semejanza,
perfectos y completos.
Todos somos sueños
con los símbolos que quienes soñamos despiertos
evocamos para nosotros mismos.
El Mago y La Mente Consciente
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Deepak Chopra,
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El Amor,
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Sabiduría
La naturaleza de la vida es contener a la vez
el caos y el orden.
Del desorden surgen patrones que más adelante
se disuelven nuevamente en él.
El cuerpo es totalmente caótico en ciertos niveles
– con cada inhalación entran en el torrente sanguíneo
remolinos de átomos de oxígeno,
cada célula rebosa enzimas y proteínas,
y hasta los disparos de las neuronas en el cerebro
son una tormenta eléctrica incesante.
No obstante, este caos es sólo una cara del orden,
porque no hay duda de que nuestras células
son obras maestras de una función organizada
y que la actividad del cerebro
produce pensamientos coherentes.
En efecto, el caos y el orden coexisten tan estrechamente
que no pueden separarse.
“Antes de ser una estrella reluciente es preciso se caos”,
decía Merlín.
Y eso es literalmente cierto,
porque los remolinos de gases primordiales
que formaron el universo tuvieron que existir antes
de que nacieran las galaxias.
Al principio, esos gases no mostraban ningún patrón,
sólo una ligera atracción entre sí.
Sin embargo a partir de esa leve insinuación
de atracción gravitacional se desencadenaron
una serie de sucesos que culminaron
en el principio del ADN humano,
una molécula tan compleja que la alteración
de una de sus tres mil millones de unidades genéticas
pudo haber sido la diferencia entre la vida y la muerte.
A nivel personal,
cada quien lucha entre el orden y el desorden.
Las cosas tienden a desbaratarse;
aquello que fue fresco y maduro acaba por dañarse;
lo que era joven envejece y muere.
“La muerte es una ilusión”, decía Merlín,
“ y no obstante, la lucha de los mortales contra la muerte
es muy real.
Ningún mortal sabe exactamente lo que es la muerte,
pero le teme tanto a ese suceso inminente
que batalla contra él con todas sus fuerzas
sin darse cuenta del enorme desorden y caos que genera”.
El Mago sabe que la vida
siempre se ha organizado desde adentro.
Esos mismos tirones de gravedad
que dieron nacimiento a las estrellas a partir del caos
existen en todos los niveles de la naturaleza.
Una rosa puede estar totalmente segura de convertirse en rosa,
aunque cuando es una plántula
no es muy distinta de un frijol o de una violeta,
y cuando es semilla su exclusividad quizás radique
únicamente en los minúsculos giros
de su par de cadenas de AND.
Sin embargo, nosotros los humanos
nos preocupamos mucho por la perfección,
de manera que desperdiciamos horas de lucha y esfuerzo
tratando de afirmar nuestra individualidad.
“Qué importa que las aves vivan sin pensar,
o que una rosa sea siempre una rosa?” preguntó Arturo.
“No tienen mente y, por lo tanto,
no tienen otra alternativa que ser lo que son”.
“Es cierto que ustedes los mortales tiene libre albedrío,
pero le dan demasiada importancia”, replicó Merlín.
“Yo vivo sin tener que elegir entre diferentes opciones,
y mi vida es mucho más feliz”.
“Sin tener que elegir entre diferentes opciones?
Pero si tomas las mismas decisiones que yo”,
protestó Arturo.
Merlín se ecogió de hombros.
“Te dejas engañar por las apariencias. Mira tu mano.
No hay duda de que te pertenece, pero no obstante,
no decides cómo crecen sus células;
no tienes la mínima idea de qué es lo que hace
que tus nervios y músculos se muevan;
no haces crecer tus uñas conscientemente
y tampoco haces que una herida cicatrice
cuando te lastimas, o sí?”
--“Es cierto, no tengo que hacer ninguna de esas cosas”.
“En otras palabras, esas no son opciones que tú debas elegir”,
continuó Merlín.
“Estas funciones le han sido entregadas
a un lado involuntario de tu cerebro,
el cual se ocupa de ellas automáticamente.
Asimismo, yo he entregado al lado automático de mi cerebro
todas aquellas cosas a las cuales tú dedicas tanto tiempo
– pensar, decidir, sentir, elegir, juzgar.
Lo que es otra forma de decir que las he dejado en manos de Dios”.
“Entonces para qué utilizas tu mente consciente?”
preguntó Arturo.
“Para apreciar este mundo y el milagro de la vida.
Soy testigo de todo lo que es y, como espectáculo,
no hay nada más asombroso, bello o gratificante”.
el caos y el orden.
Del desorden surgen patrones que más adelante
se disuelven nuevamente en él.
El cuerpo es totalmente caótico en ciertos niveles
– con cada inhalación entran en el torrente sanguíneo
remolinos de átomos de oxígeno,
cada célula rebosa enzimas y proteínas,
y hasta los disparos de las neuronas en el cerebro
son una tormenta eléctrica incesante.
No obstante, este caos es sólo una cara del orden,
porque no hay duda de que nuestras células
son obras maestras de una función organizada
y que la actividad del cerebro
produce pensamientos coherentes.
En efecto, el caos y el orden coexisten tan estrechamente
que no pueden separarse.
“Antes de ser una estrella reluciente es preciso se caos”,
decía Merlín.
Y eso es literalmente cierto,
porque los remolinos de gases primordiales
que formaron el universo tuvieron que existir antes
de que nacieran las galaxias.
Al principio, esos gases no mostraban ningún patrón,
sólo una ligera atracción entre sí.
Sin embargo a partir de esa leve insinuación
de atracción gravitacional se desencadenaron
una serie de sucesos que culminaron
en el principio del ADN humano,
una molécula tan compleja que la alteración
de una de sus tres mil millones de unidades genéticas
pudo haber sido la diferencia entre la vida y la muerte.
A nivel personal,
cada quien lucha entre el orden y el desorden.
Las cosas tienden a desbaratarse;
aquello que fue fresco y maduro acaba por dañarse;
lo que era joven envejece y muere.
“La muerte es una ilusión”, decía Merlín,
“ y no obstante, la lucha de los mortales contra la muerte
es muy real.
Ningún mortal sabe exactamente lo que es la muerte,
pero le teme tanto a ese suceso inminente
que batalla contra él con todas sus fuerzas
sin darse cuenta del enorme desorden y caos que genera”.
El Mago sabe que la vida
siempre se ha organizado desde adentro.
Esos mismos tirones de gravedad
que dieron nacimiento a las estrellas a partir del caos
existen en todos los niveles de la naturaleza.
Una rosa puede estar totalmente segura de convertirse en rosa,
aunque cuando es una plántula
no es muy distinta de un frijol o de una violeta,
y cuando es semilla su exclusividad quizás radique
únicamente en los minúsculos giros
de su par de cadenas de AND.
Sin embargo, nosotros los humanos
nos preocupamos mucho por la perfección,
de manera que desperdiciamos horas de lucha y esfuerzo
tratando de afirmar nuestra individualidad.
“Qué importa que las aves vivan sin pensar,
o que una rosa sea siempre una rosa?” preguntó Arturo.
“No tienen mente y, por lo tanto,
no tienen otra alternativa que ser lo que son”.
“Es cierto que ustedes los mortales tiene libre albedrío,
pero le dan demasiada importancia”, replicó Merlín.
“Yo vivo sin tener que elegir entre diferentes opciones,
y mi vida es mucho más feliz”.
“Sin tener que elegir entre diferentes opciones?
Pero si tomas las mismas decisiones que yo”,
protestó Arturo.
Merlín se ecogió de hombros.
“Te dejas engañar por las apariencias. Mira tu mano.
No hay duda de que te pertenece, pero no obstante,
no decides cómo crecen sus células;
no tienes la mínima idea de qué es lo que hace
que tus nervios y músculos se muevan;
no haces crecer tus uñas conscientemente
y tampoco haces que una herida cicatrice
cuando te lastimas, o sí?”
--“Es cierto, no tengo que hacer ninguna de esas cosas”.
“En otras palabras, esas no son opciones que tú debas elegir”,
continuó Merlín.
“Estas funciones le han sido entregadas
a un lado involuntario de tu cerebro,
el cual se ocupa de ellas automáticamente.
Asimismo, yo he entregado al lado automático de mi cerebro
todas aquellas cosas a las cuales tú dedicas tanto tiempo
– pensar, decidir, sentir, elegir, juzgar.
Lo que es otra forma de decir que las he dejado en manos de Dios”.
“Entonces para qué utilizas tu mente consciente?”
preguntó Arturo.
“Para apreciar este mundo y el milagro de la vida.
Soy testigo de todo lo que es y, como espectáculo,
no hay nada más asombroso, bello o gratificante”.
La Vida Como Un Grajo
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Deepak Chopra,
Despertar,
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Reflexión Del Día,
Sabiduría
Merlín solía tomar nota de los detalles
más pequeños de la naturaleza,
y en todos ellos veía lecciones.
Un día mientras caminaba por el bosque con Arturo,
oyeron la perorata que un grajo
les lanzaba desde un pino cercano.
“Detente y mira”, le susurró Merlín.
El grajo era un pájaro nervioso, caprichoso.
Tras hacerse oír de los intrusos,
voló hasta otra rama con mejor vista,
pero a los pocos segundos no le bastó
y voló hasta una tercera.
Después aparentemente olvidó que ellos estaban allí
y bajó al suelo para inspeccionar un cono de pino.
En cuestión de segundos, pasó de chapotear en un charco
a espantar un reyezuelo verde
y picotear un trozo de corteza podrida.
“ Qué piensas de eso como forma de vida?”,preguntó Merlín.
“No mucho”, replicó Arturo.
“Actúa como una bola de plumas sin cerebro,
sin idea alguna de lo que desea hacer”.
“Así parecen ser las cosas cuando una criatura
vive confiando únicamente en Dios”, dijo Merlín.
“Se pasa el día persiguiendo despreocupadamente
un impulso tras otro sin pensar en el futuro
y, no obstante,
debes admitir que la pasa bastante bien”.
Momentos de Oración
http://www.flickr.com/photos/batega/1865482908/ gracias por la imágen!
Nunca has experimentado un momento
de amor, de oración, de beatitud?
Jamás me he cruzado con un ser humano tan pobre.
Nunca has escuchado el silencio de la noche?
Nunca te has estremecido con él? Conmovido?,
transformado por él?
Nunca has visto salir el sol en el horizonte?
Nunca has sentido algo así como
una profunda interrelación con la salida del sol?
Nunca has sentido más vida dentro de ti,
derramándose a raudales por todas partes?
Quizá por un momento...?
Nunca has tomado la mano de un ser humano
y algo ha empezado a fluir de ti hacia él y de él hacia ti?
Nunca has experimentado cuando dos espacios humanos
se superponen y fluyen uno con el otro?
Nunca has visto una rosa y olido su fragancia?,
y de repente eres transportado a otro mundo?
Ésos son momentos de oración...
Nunca has experimentado un momento
de amor, de oración, de beatitud?
Jamás me he cruzado con un ser humano tan pobre.
Nunca has escuchado el silencio de la noche?
Nunca te has estremecido con él? Conmovido?,
transformado por él?
Nunca has visto salir el sol en el horizonte?
Nunca has sentido algo así como
una profunda interrelación con la salida del sol?
Nunca has sentido más vida dentro de ti,
derramándose a raudales por todas partes?
Quizá por un momento...?
Nunca has tomado la mano de un ser humano
y algo ha empezado a fluir de ti hacia él y de él hacia ti?
Nunca has experimentado cuando dos espacios humanos
se superponen y fluyen uno con el otro?
Nunca has visto una rosa y olido su fragancia?,
y de repente eres transportado a otro mundo?
Ésos son momentos de oración...
Yo Me Amo
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Cortitas Para Pensar,
Despertar,
Ego,
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Osho,
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Reflexión Del Día,
Sabiduría
Tienes que comprender que
para ser compasivo, en primer lugar
uno tiene que ser compasivo consigo mismo.
Si no te amas a ti mismo
nunca podrás amar a nadie.
Si no eres amable contigo mismo
no puedes serlo con nadie.
Los conocidos como santos, tan duros con ellos mismos,
sólo fingen se amables con los demás.
No es posible, psicológicamente es imposible.
Si no puedes ser amable contigo mismo,
cómo puedes serlo con los demás?
Lo que quieras que seas contigo mismo
lo eres con los demás
-- y te han enseñado a odiarte a ti mismo.
Nunca nadie te ha dicho:
"Ámate a ti mismo!"
La propia idea parece absurda:
amarse a uno mismo?
La misma idea no tiene sentido:
amarse a uno mismo?
Siempre pensamos que para amar
uno necesita a otra persona.
Pero si no lo aprendes contigo mismo,
no podrás practicarlo con los demás.
El Alquimista
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Alquimia,
Arturo,
Deepak Chopra,
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Reflexión Del Día,
Sabiduría
Según la alquimia, los cuatro elementos
– tierra, aire, agua y fuego –
se combinan misteriosamente para llegar
al mágico producto final llamado vida.
No hay duda de que estamos hechos
de tierra, aire y agua,
modificados a partir de una forma preliminar,
como el alimento.
Sin embargo no es posible destilar el fuego
que anima a estos materiales sin vida,
porque no es un fuego visible,
ni siquiera un calor metabólico.
Es el fuego de transformación, puro y simple.
Por lo tanto somos la transformación,
los transformadores y los transformados.
Somos nuestro propio alquimista,
encargado de transmutar constantemente
las moléculas sin vida de la encarnación viva
de nosotros mismos.
Ése es el acto más creador y mágico
que podemos realizar.
La maravilla de esta alquimia no tiene límite.
En un momento dado podemos estar leyendo un libro,
digiriendo una comida, fabricando proteínas y encimas,
almacenando información en la memoria,
creciendo, respirando, evaluando el entorno,
cicatrizando una herida, reemplazando células muertas,
alejando los virus, y muchas otras actividades más.
Todas estas transformaciones
suceden en su mayoría sin que nos demos cuenta.
El alquimista en invisible,
trabaja detrás de bambalinas,
y pocos nos interesamos alguna vez
por descubrir de quién se trata.
Su hogar no está en el espacio o el tiempo,
sino en lo eterno, más allá de la memoria.
Siéntese un momento
e imagine que puede ver su vida
como un papiro que se desenrolla
a medida que usted examina más y más
sucesos de su pasado.
Comience a desenrollar el papiro
hasta que vea una escena conocida,
como el día en que le dieron el empleo que tiene ahora.
Véala con claridad y luego vaya más atrás,
por ejemplo a sus días de universidad ,
y continúe haciendo lo mismo
hasta ver imágenes de la escuela secundaria,
la escuela primaria, el jardín infantil.
Visualice tan claramente como pueda
as escenas de cuando era niño,
cuando apenas comenzaba a caminar,
cuando era lactante.
No importa si no aparecen imágenes vívidas;
será suficiente con tener la sensación
de cómo era usted en esas edades.
Ahora regrese al día en que nació
– será pura imaginación –
y luego véase como feto
y después como un conjunto de células
transparentes agrupadas en una bola.
Vea cómo se encoge la bola
hasta reducirse a dos células
y luego a una sola.
Por último, cruce ese punto e imagínese antes de eso,
sin siquiera una célula a la cual adherirse.
Al cruzar este umbral,
observe que su identidad no desaparece.
unque no tenga imágenes a las cuales mirar,
ni cuerpo, usted sigue siendo lo que es en realidad:
una consciencia observadora
que permanece inmutable
aunque las escenas de la vida cambien constantemente.
Ésa es su identidad como consciencia,
un alquimista activo y sabio
que permanece separado,
detrás del drama constante de la transformación.
Ahora trate de imaginar
que ésa consciencia desaparece.
En otras palabras, imagine una época
antes de que usted existiera.
Esto es algo que no puede hacer,
porque el alquimista no está confinado
al reino del tiempo,
donde todos los sucesos comienzan y terminan.
Trate así mismo de avanzar hacia el futuro
e imaginarse el tiempo en que usted ya ha muerto
y ha desaparecido completamente de la Tierra.
Tampoco puede hacerlo.
Al llegar a la final de la memoria,
el sentimiento, las emociones, la imaginación
y las ideas, todavía queda el ser en forma pura,
como un impulso de vida
que fluye constantemente a través
del espejismo de la creación.
Ese flujo ocurre en forma
de transformaciones constantes,
la alquimia de la existencia que se extiende
a todos los mundos y más allá de ellos.
– tierra, aire, agua y fuego –
se combinan misteriosamente para llegar
al mágico producto final llamado vida.
No hay duda de que estamos hechos
de tierra, aire y agua,
modificados a partir de una forma preliminar,
como el alimento.
Sin embargo no es posible destilar el fuego
que anima a estos materiales sin vida,
porque no es un fuego visible,
ni siquiera un calor metabólico.
Es el fuego de transformación, puro y simple.
Por lo tanto somos la transformación,
los transformadores y los transformados.
Somos nuestro propio alquimista,
encargado de transmutar constantemente
las moléculas sin vida de la encarnación viva
de nosotros mismos.
Ése es el acto más creador y mágico
que podemos realizar.
La maravilla de esta alquimia no tiene límite.
En un momento dado podemos estar leyendo un libro,
digiriendo una comida, fabricando proteínas y encimas,
almacenando información en la memoria,
creciendo, respirando, evaluando el entorno,
cicatrizando una herida, reemplazando células muertas,
alejando los virus, y muchas otras actividades más.
Todas estas transformaciones
suceden en su mayoría sin que nos demos cuenta.
El alquimista en invisible,
trabaja detrás de bambalinas,
y pocos nos interesamos alguna vez
por descubrir de quién se trata.
Su hogar no está en el espacio o el tiempo,
sino en lo eterno, más allá de la memoria.
Siéntese un momento
e imagine que puede ver su vida
como un papiro que se desenrolla
a medida que usted examina más y más
sucesos de su pasado.
Comience a desenrollar el papiro
hasta que vea una escena conocida,
como el día en que le dieron el empleo que tiene ahora.
Véala con claridad y luego vaya más atrás,
por ejemplo a sus días de universidad ,
y continúe haciendo lo mismo
hasta ver imágenes de la escuela secundaria,
la escuela primaria, el jardín infantil.
Visualice tan claramente como pueda
as escenas de cuando era niño,
cuando apenas comenzaba a caminar,
cuando era lactante.
No importa si no aparecen imágenes vívidas;
será suficiente con tener la sensación
de cómo era usted en esas edades.
Ahora regrese al día en que nació
– será pura imaginación –
y luego véase como feto
y después como un conjunto de células
transparentes agrupadas en una bola.
Vea cómo se encoge la bola
hasta reducirse a dos células
y luego a una sola.
Por último, cruce ese punto e imagínese antes de eso,
sin siquiera una célula a la cual adherirse.
Al cruzar este umbral,
observe que su identidad no desaparece.
unque no tenga imágenes a las cuales mirar,
ni cuerpo, usted sigue siendo lo que es en realidad:
una consciencia observadora
que permanece inmutable
aunque las escenas de la vida cambien constantemente.
Ésa es su identidad como consciencia,
un alquimista activo y sabio
que permanece separado,
detrás del drama constante de la transformación.
Ahora trate de imaginar
que ésa consciencia desaparece.
En otras palabras, imagine una época
antes de que usted existiera.
Esto es algo que no puede hacer,
porque el alquimista no está confinado
al reino del tiempo,
donde todos los sucesos comienzan y terminan.
Trate así mismo de avanzar hacia el futuro
e imaginarse el tiempo en que usted ya ha muerto
y ha desaparecido completamente de la Tierra.
Tampoco puede hacerlo.
Al llegar a la final de la memoria,
el sentimiento, las emociones, la imaginación
y las ideas, todavía queda el ser en forma pura,
como un impulso de vida
que fluye constantemente a través
del espejismo de la creación.
Ese flujo ocurre en forma
de transformaciones constantes,
la alquimia de la existencia que se extiende
a todos los mundos y más allá de ellos.
Abril 16
Posted in
Abril,
Abril 16,
Amor,
Cortitas Para Pensar,
Despertar,
E.Caddy,
Reflexión Del Día,
Sabiduría
Thanks Julia Jeffrey!
Por qué no disfrutas
de lo que te gusta hacer en la vida,
en tanto no dañes a alguien
y solamente sea bueno para ti
y para todos aquellos con quienes estás relacionado?
Aprende a hacer lo que estás haciendo
en el momento debido
y sin ninguna tensión o esfuerzo.
Sé como un niño pequeño
sin inhibiciones
y aprende a disfrutar la vida
sin egolatría o timidez.
No hagas siempre las cosas
que sientes que deben hacerse
o que debes hacerlas tú.
Cuando algo se hace compulsivamente,
toda la alegría o el placer
desaparece.
Aprende a hacer todo
porque quieres hacerlo.
Da todo lo que tienes que dar
por el puro amor de darlo
y el puro amor de vivir
y ve cuán diferente
se vuelve la vida para ti.
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